Doce cualidades específicas enmarcan la personalidad del alumno cervatino-agustiniano, acordes, no sólo con el pensamiento de San Agustín, sino con la totalidad de las vertientes de personalidad que señala la psicología moderna.

Inquieto

“Somos caminantes, peregrinos en tránsito. Debemos, pues, sentirnos insatisfechos con lo que somos, si queremos llegar a lo que aspiramos. Si nos complace lo que somos, dejaremos de avanzar. Si lo creemos suficiente, no volveremos a dar un paso. Sigamos, pues, marchando, yendo hacia adelante, caminando hacia la meta. No tratemos de parar en el camino o de volver la vista atrás o de desviarnos de la ruta. El que se desvía, pierde la esperanza de llegar”. Serm.169,15,18.

Es por eso que un alumno cervantino-agustiniano nunca está satisfecho con los logros alcanzados y siempre tiene aspiraciones de mayor perfección.

La utopía es parte de su horizonte y sabe que la libertad, la solidaridad, el amor, están en constante construcción y búsqueda, en el entorno comunitario en que está inserto.

Es permanentemente crítico del mundo que lo rodea y de la historia que construye con sus decisiones, de las cuales sabe responder oportunamente, porque maneja un código ético y unos valores siempre asumidos y basados en el evangelio.

Interiorizado y reflexivo

“Deja siempre un pequeño margen para la reflexión, margen para el silencio. Entra dentro de ti mismo y deja atrás el ruido y la confusión… Escucha la voz de la verdad en reflexión y en silencio para que logres entenderla” Serm.52,19,22.

Un alumno cervantino sabe manejar los elementos de juicio que posee y situarse positivamente frente a la realidad, en las diversas expresiones que ésta forma en cada situación.

Sus decisiones obedecen siempre a una profunda reflexión y no se deja ganar por la emotividad o la visceralidad del momento.

Supera la mediocridad y proyecta siempre estímulos positivos para su propio progreso personal y el de todo lo que lo rodea, desde la base de una profunda vida interior y una práctica constante de oración.

Humilde y receptivo

“El primer paso en la búsqueda de la verdad es la humildad. El segundo, la humildad. El tercero, la humildad. Y el último, la humildad. Naturalmente eso no significa que la humildad sea la única virtud necesaria para el hallazgo y disfrute de la verdad. Pero si las demás virtudes no van precedidas, acompañadas y seguidas por la humildad, la soberbia se abrirá paso entre ellas, y más pronto o más tarde, acabará destruyendo sus buenas intenciones”.(Epist.118,3,22).

Un alumno agustino sabe aceptar y asumir su propia realidad, consciente de sus limitaciones, y es respetuoso frente a los demás.

Es consciente de la alteridad y de la diversidad humana y ambiental que la rodea y asume esa diversidad, porque sabe que es la base de su propia riqueza como persona y como ente social.

Libre y responsable

“Nadie por fuerza hace el bien, aunque sea bueno lo que hace” Conf.1,12.

El alumno cervantino sabe que la libertad y la dignidad son la esencia de la persona y busca y construye su propia liberta y dignidad y la de los demás, aún cuando la situación social, política, económica, tecnológica o religiosa del entorno sean adversas.

Es consciente de los principios de autoridad y subsidiaridad y sabe estar sin sometimiento.

Ordenado en sus amores

“Cada hombre es lo que ama ” De div.quaest.83,35.

El alumno agustino maneja un equilibrio emocional suficiente, que integra las relaciones afectivas con los demás, con el mundo y con Dios, y la expresa oportunamente con serenidad.

Utiliza al máximo las capacidades y fuerzas creativas de la sexualidad para su madurez, en una proyección de estímulos y recursos, que potencien la promoción personal de quienes le rodean, y el avance y progreso de la realidad circundante.

Sabe manejar los conflictos sin solaparlos y sin someterlos a una armonía ficticia o artificial.

Humano y comprensivo

“Ama a los hombres, pero combate sus errores. Enséñales la verdad, pero sin orgullo. Lucha con ellos por la verdad, pero sin resentimientos”. Cont.Lit.Pet.1,29,31.

El alumno cervantino ha aprendido a utilizar sus propios errores y los de los demás, consciente de que son parte de un proceso de aprendizaje, y, por tanto, útiles y necesarios.

Equilibrado y moderado

“La justicia, la verdadera justicia, no consiste en el igualitarismo, sino en la equidad o proporción. No en dar a todos lo mismo o en exigir de todos por igual, sino en dar a cada uno según sus talentos” De vera rel. 48-93. Regla.

El alumno Agustino valora el orden como presupuesto para la paz, consciente de que ambos se construyen en la diversidad y la riqueza de la unidad, huyendo de toda uniformidad, que solo produce mediocridades.

Sabe que en la realidad en que vive, no todos han tenido las mismas oportunidades, y por eso escapa de toda acumulación y ostentación, buscando la coherencia del evangelio y es consciente de las palabras de San Agustín: “las posesiones superfluas de los ricos son la necesidad de los pobres. Por eso el acumular cosas superfluas es una forma de robar”. In ps, 147,12.

En medio de una realidad cargada de violencia, manipulación y corrupción, ejerce un saludable control sobre si mismo y sus relaciones con los demás, con Dios y el mundo, desde una praxis cotidiana de oración y cercanía al Dios de la vida.

Sincero y transparente

“¿De qué sirve la señal de la cruz sobre la frente, si esa misma señal no está sobre el corazón? Dios no quiere pintores de sus signos, sino hacedores de ellos” In ps. 50,1

El alumno cervantino hace de la búsqueda de la verdad razón de su vida, porque sabe que “no se puede ser buen amigo de los hombres, si no se es, primero, buen amigo de la verdad” Epist. 155,11

En sus relaciones consigo mismo, con la naturaleza y su entorno, con los demás y con Dios, evita los caminos tortuosos y las mediaciones inadecuadas buscando la sencillez y la proximidad del corazón.

Comparte su vida su sabiduría, su tiempo y su preparación con los demás, sin la pretensión de saberse superior, sino la sencillez de quién se siente hermano y amigo.

Atento y disponible

“Dios no toma en consideración tus talentos, sino tu disponibilidad. Sabe que has hecho lo que has podido, aunque hayas fracasado en el intento, y contabiliza en tu favor lo que trataste de hacer y no pudiste, como si lo hubieras hecho de verdad” Serm.18.5

El alumno agustino sabe que la mejor contemplación de Dios es la mirada atenta a su mundo y a la realidad que rodea, procurando hacer un sano discernimiento y una lectura adecuada de los tiempos que le toca vivir, así como un uso inteligente de los medios.

Esforzado y estudioso

“A quién no agradaría llegar a degustar la sabiduría sin tener que pasar por los sudores y sacrificios del aprendizaje por desgracia, esto no es posible en este mundo de mortales. Antes de llegar a la felicidad de conocer la verdad, y según los cánones de la recta educación, no hay más remedio que pasar por las aperturas del estudio y del trabajo” De cat. rud.9

El alumno cervantino ha aprendido a desarrollar su admiración, creatividad y capacidad de adaptación a situaciones nuevas, desde una saludable disciplina de estudio e investigación, y una búsqueda y aceptación permanente de su herencia cultural.

Amigable y comunitario

El alumno agustino construye y mantiene una constante armonía con su mundo, superando toda división y polarización, cuando son impedimento para la misma.

Es sumamente respetuoso de alteridad y de la realidad concreta de los demás, sus hermanos, sobre todo de los más débiles, sabiendo que son la más fiel imagen de Jesús de Nazaret.

Sabe manejar los conflictos entre institución y persona, rescatando los valores de ésta última, y haciendo valer sus derechos y libertades.

Abierto a la trascendencia

“Nos hiciste, señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en tí “ Conf. 1,1

El alumno cervantino orienta su vida desde la perspectiva del evangelio y hace permanentemente una lectura actualizada y encarnada del mismo.

Por el hecho de hacerse ciudadano en tránsito y peregrino, sabe despegarse de cosas, situaciones y personas que pudieran disminuir o condicionar su libertad, tanto de acción, como de pensamiento.

Es consciente que Dios y su espíritu siguen acompañando y guiando la historia humana, por lo que está atento a seguir su paso y su acción en los acontecimientos que le toca vivir.

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